Sobre el culturalismo neoconservador y los gobiernos de izquierda en América Latina

En su último libro Latinomericanism after 9/11, John Beverley destaca la existencia de un giro neoconservador en la literatura y en la crítica cultural latinoamericana reciente. Beverley identifica este giro con una larga tradición intelectual cuyo representante más emblemático es el uruguayo José Enrique Rodó. Como se recordará, en el Ariel (1900) se proponía una identidad latinoamericana superior a la estadounidense por su apego a una alta cultura letrada que era antinómica del plebeyismo de la democracia de aquel país. Rodó escribía desde un contexto internacional en que los Estados Unidos emergía como una potencia crudamente amenazadora. De allí que, a pesar del elitismo de su discurso, su propuesta haya sido reactualizada constantemente por su carácter antiimperialista.  Simpatizante de lo que él llama la “marea rosada” —la llegada al poder de la izquierda en países como Venezuela, Argentina, Ecuador, Brasil, Bolivia, Nicaragua y El Salvador—, Beverley refiere a ciertos intelectuales de la izquierda latinoamericana como “neoarielistas”. Se trata de una categoría que le sirve para designar a aquellos que, esgrimiendo una defensa de la ciudad letrada latinoamericana frente a  la academia estadounidense, son críticos de los gobiernos “rosados”.

Desde luego, la propuesta de Beverley es polémica. Entre otras razones  porque en el gesto de “neoarielizar” a  varios intelectuales reproduce las asimétricas relaciones de prestigio cultural entre América Latina y los Estados Unidos. No es materia de este artículo sin embargo, profundizar en su argumento, sino darle una vuelta de tuerca porque se considera que, efectivamente, a raíz de los actuales gobiernos de izquierda ha emergido un conservadurismo tendiente a concebir la cultura y la política en términos exclusivistas o restrictivos. Lo paradójico, sin embargo, es que este giro neoconservador no es sólo un fenómeno externo o antagónico a la “marea rosada”, sino que también es propio de ella. En términos políticos basta pensar en el rechazo a la despenalización del aborto en el Ecuador, la homofobia del discurso oficial venezolano o el fortalecimiento  de la jerarquía católica en Nicaragua.  La imposición estatal de un desarrollismo que atenta contra la autonomía de los territorios indígenas en Ecuador y Bolivia, o el fustigamiento de los sindicatos independientes en Venezuela, resultan claros ejemplos de un cambio gubernamental que busca cerrarle el paso a aquellos grupos subalternos con los que estos gobiernos se alimentaron inicialmente.

En términos culturales es posible identificar un fenómeno análogo. En lo que sigue me detendré en un ejemplo específico.  En una entrevista reciente, la escritora venezolana Yolanda Pantin nos informa que en los últimos diez años ella ha pasado de ejercer una combativa resistencia opositora a un recogimiento interior ajeno al espacio público que identifica con el chavismo. La escritora concluye: “la reacción radical ante el populismo literario es la poesía cerrada”.  No es difícil reconocer la misma postura defensiva que  Rodó esgrimía contra la vulgaridad del mundo exterior; una vulgaridad que ponía la “primacía del número” sobre la calidad. Frente a lo que se lee como la mediocridad imperante, tanto Rodó como Pantin acuden a la escritura como un ámbito virtuoso, cerrado y ajeno a las multitudes.  Al abogar por una poesía incontaminada —antitética de la literatura de los chavistas— la poeta repite el gesto del uruguayo de reafirmarse mediante la exclusión. La propuesta de Pantin ejemplifica pues, el “neoarielismo” del que habla Beverley.

Desplacémonos hacia el otro lado del espectro político venezolano.  Bajo el habitual auspicio oficial, este año el Premio Internacional “Rómulo Gallegos” fue otorgado a la novela Simone, del puertorriqueño Eduardo Lalo. La obra apuesta por una relegitimación de la figura del intelectual como defensor de los valores de la alta cultura en un contexto de mediocridad imperante. Se trata de una mediocridad asociada a la cultura de masas de la actual hegemonía estadounidense. El protagonista de la novela resulta un intelectual que decide permanecer aislado de la multitud para dedicarse a una escritura “auténtica” que nunca será leída o comprendida por la mayoría de sus contemporáneos. Tanto Pantin como el protagonista de Simone se conciben a sí mismos como modelos de resistencia a través del ejercicio de una literatura cuyo valor radica en ser restrictiva.

Piénsese ahora en el contexto politizado del Premio Rómulo Gallegos de este año: la mayoría de escritores venezolanos de la oposición no se presentó al concurso como forma de protesta, no hubo ningún intelectual opositor entre los miembros del jurado y,  durante el oficial acto de premiación, el presidente venezolano Nicolás Maduro calificó a Puerto Rico como una oportunidad pendiente de lo que Cuba sí había logrado realizar.  Tomando en consideración todo estos elementos, ¿cómo explicar que la novela premiada comparta el “anti-populismo literario” de una Yolanda Pantin? La respuesta es la misma que explica la continua reactualización del arielismo: su antiimperialismo.  Si en el caso de la poeta venezolana, lo que se rechaza es una multitud vinculada al chavismo, en el caso de Lalo esa multitud está asociada a una cultura popular y de masas “norteamericanizada”.  En uno y otro caso asistimos claramente a ese giro neoconservador que señala Beverley en el que se apela por una visión elitista. Que el discurso cultural afín al chavismo tenga una perspectiva excluyente nos lleva a una  paradoja largamente repetida: el antimperialismo no necesariamente implica una posición anticlasista o democratizadora.

Acerca de Magdalena Lopez

Magdalena López es Investigadora Postdoctoral en el Centro de Estudos Comparatistas de la Universidad de Lisboa en Portugal.

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15 respuestas a Sobre el culturalismo neoconservador y los gobiernos de izquierda en América Latina

  1. Lucio Adansa 19 diciembre, 2013 at 12:06 #

    Estimada Magdalena
    Quería señalar, antes de nada, que me ha gustado mucho leer la entrada, y que, desde una posición tan humilde como la mía (un vago estudiante de primer curso de ciencia politica), poder entender sin demasiadas dificultades aquello que se explica en este blog le hace a uno sentirse orgulloso!
    Realmente, creo que en efecto, todo lo que dice aquí (por no alargarme) es así, y la pregunta que me salta es ¿hasta qué punto los intelectuales se diferencian de los políticos? Es decir, da la sensación de que ambos combaten, de que luchan entre sí, pero, tal y como nos muestra en este artículo, los intelectuales, al igual que los políticos, también apelan a un exclusivismo! Terminan haciendo aquello mismo que critican de los políticos! Realmente ambos tienen más semejanzas de las que están dispuestos a admitir.
    En Argentina también son firmemente antiimperialistas, sin embargo, respecto a la cultura, educativamente hablando, poco se le ofrece a la gente. Critican la masificación estadunidense, cuando ellos mismos son unos grandes masificadores culturales.
    Muchas gracias.
    Lucio Adansa.

    • Magdalena 19 diciembre, 2013 at 18:18 #

      Hola Lucio

      Me alegra que haya podido hacerme entender con estudiosos de disciplinas distintas a la mía. Gracias por decírmelo. En los estudios latinoamericanos se ha pensado mucho la relación entre la intelectualidad y el poder. Críticos como Rama propusieron que la escritura tuvo un papel fundamental en la conformación de nuestras sociedades, tanto las coloniales como después las nacionales. De modo que resulta díficil pensar en la intelectualidad como un campo aislado o diferenciado de la actividad política. Piensa, por ejemplo, en los casos argentinos de Sarmiento o Echeverría. Es lógico entonces, que al igual que cualquier politico de a pie, lo intelectuales resulten figuras problemáticas y a menudo contradictorias. A través de ellos también se expresan nuestras fallas estructurales.

  2. Armando Chaguaceda 8 diciembre, 2013 at 18:22 #

    Querida Magdalena

    Más que pertinente -y bien escrito- este post…de cara a un congreso que estamos organizando para 2014 acá en Veracruz, he comentado con varios amigos la necesidad de adelantar una reflexión de largo aliento, comparada y no sectaria sobre los nexos entre la intelectualidad pública -latinoamericana y de otras áreas- y los llamados gobiernos progresistas…para evaluar las distancias entre la retórica y/o apuestas emancipatoria de aquellos y los (reales) desempeños y agendas políticos de estos últimos…sin dudas tus perspectivas serías una excelente compañera en ese viaje indagatorio…va un abrazo

    • Magdalena 19 diciembre, 2013 at 18:01 #

      Hola Armando, gracias por tu comentario. Coincido contigo en que estamos en un momento en que se hace pertinente emprender una reflexión comparada sobre las relaciones entre las intelligentsias y los gobiernos de la marea rosada. Varios académicos han empezado a escribir sobre ese tema desde sus espacios nacionales. Lo que habría que hacer entonces, es sentarnos a dialogar para empezar a producir una literatura no solo crítica sino también teórica que pueda ajustarse a las peculiaridades históricas que estamos viviendo.

  3. Pedro García 8 diciembre, 2013 at 8:17 #

    Sólo unas preguntas:

    ¿Sabe alguno de ustedes si para elegir el jurado del premio Rómulo Gallegos se invitó a alguien del sector opositor o crítico del gobierno? Me pregunto, si en efecto se los invitó, si se negaron a participar. ¿Sabe alguien algo de eso? Creo que es bueno saberlo para despejar dudas y suspicacias.

    • Magdalena 19 diciembre, 2013 at 17:35 #

      Hola Pedro,

      No sé a ciencia cierta si se llegó a invitar alguien de la oposición, posiblemente no. En todo caso, algunos de los jurados han asegurado que nunca sufrieron ninguna intromisión oficial en su deliberación. Para más detalles sobre ese proceso está el comentario de Juan Duchesne más abajo.

      • Pedro García 21 diciembre, 2013 at 13:49 #

        Entonces Magdalena estamos hablando de algo que amerita un debate. Si no fueron invitados sectores de la oposición (que la mayoría de la academia en Venezuela es crítica del chavismo), entonces hay sectarismo. No se trata de cuestionar la seriedad y el nivel del jurado. Se trata de cuestionar o abrir el debate sobre la manera como se está seleccionando el jurado.

  4. Juan Duchesne Winter 5 diciembre, 2013 at 16:01 #

    Se podría argumentar que hay algunas notas cónsonas con un vago neoarielismo en Simone, de Eduardo Lalo. Me consta que el proceso deliberativo del Premio Rómulo Gallegos fue completamente autónomo y no recibió absolutamente ningún influjo oficial. Que ciertos órganos oficiales le hayan dado después el “spin” antiimperialista es otra cosa. Una novela como ésa puede recibir todo tipo de “spin” de cualquier tendencia oficial o no oficial. Dejando esa causalidad directa (improcedente aquí) a un lado, lo que habría que hacer es analizar la propia novela a fondo y el mapa discursivo en el cual una valoración de la intimidad e interioridad existencial del acto creativo (que fue lo que atrajo al jurado) puede coincidir con un discurso antiimperialista elitista, lo cual es muy posible, es un campo discursivo que recibe sus distintos sentidos independientemente de la subjetividad de los interlocutores, incluso sin la conciencia directa de estos. Creo que ése es el punto fuerte del planteamiento de Magdalena. Ahí hay una investigación abierta a varias conclusiones contradictorias.

    • Magdalena 19 diciembre, 2013 at 17:49 #

      En efecto, creo que estamos ante una novela que se presta a varias lecturas contradictorias. En ese sentido, lo que encontré problemático no fue aquello “contra” lo que el narrador se posicionaba sino desde “dónde” lo hacía. Me parece, además, que esta contradicción no es nueva y se inserta en úna tradición intelectual puertorriqueña. Pero, desde luego, concuerdo con Juan Duchesne en que se trata de una lectura que no necesariamente obedece a una intencionalidad conciente del autor o de sus otros interlocutores.

  5. Cristobal 4 diciembre, 2013 at 22:21 #

    Primero, hay que felicitarle por un post fabuloso.
    Quería sólo comentarle que, porque junto al imperialismo, neoarielistas desprecian democracia de “masas”, tal vez su inquietud no necesariamente consiste en la presencia de izquierda o derecha al poder. Sin embargo, en cuanto a la llamada “marea rosada”- este fenomeno implica ambigüedades e incertidumbres y por las politicas que alejan gobiernos y sociedades que los llevaron al poder, a menudo no es exactamente cierto en que se basa su izquierdismo.
    Un saludo 🙂

    • Magdalena 19 diciembre, 2013 at 17:27 #

      Quizá haya que empezar a preguntarse por las pertinencia de antiguas categorías como “izquierda” o derecha” en la actualidad

  6. Magdalena 4 diciembre, 2013 at 21:01 #

    Me parece que las contradicciones a las que estamos aludiendo tienen su origen en una concepción verticalista del poder que se mantiene más allá de las variaciones ideológicas. El problema con el verticalismo es que siempre implica una política de la exclusión. Muchas gracias por sus comentarios.

  7. Emilio Herrero 4 diciembre, 2013 at 18:57 #

    Un artículo genial, que sigue demostrando como en el seno de estos regímenes “rosados”, como denomina la autora, seguimos observando una doble moral entre un ámbito socialista, y otras posturas totalmente conservadoras y que se nos dicen antiimperialistas. Al final lo que observamos es en ocasiones la terquedad de dirigentes de ciertos países por identificarse con algo que no son. De otra manera merecería la pena en profundizar cuáles serían las razones para que en América latina se tenga esta concepción de elitismo intelectual.

  8. Flavia 4 diciembre, 2013 at 18:32 #

    Querida Magdalena,

    Comienzo este comentario indicándote que me ha fascinado tu post. Comparto gran parte de tu visión y comprensión de los procesos y me parece, además, que has podido resumir de manera muy sucinta y honesta (sin apasionamientos) un tema por demás complicado. ¿Cómo ser progresista en un mundo en el que muchos de los que dicen serlos, terminan comportándose de manera conservadora en los valores centrales del progresismo? En un momento de crisis respecto a lo que se cree y se defiende, creo que intervenciones como la tuya en el Blog nos permiten reflexionar desde perspectivas multidisciplinares sobre fenómenos muy actuales.

    Muchísimas gracias por compartirnos tus ideas!

    Flavia Freidenberg

  9. Sarah 4 diciembre, 2013 at 17:47 #

    Excelente artículo, coincido plenamente con el planteamiento de la autora y respecto a los movimientos feministas y sus reivindicaciones se han dado importantes discusiones y disidencias entre las feministas y los movimientos políticos en países con gobiernos de izquierda como Nicaragua, Ecuador y Bolivia. Justamente debido al conservadurismo de los gobernantes respecto a temas cruciales de la agenda de igualdad y derechos en torno al género en estos países. Es importante seguir profundizando la investigación en torno a este tema, hay muchas sorpresas y muchas contradicciones en la “marea rosada”.

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