Un balance de la FIL Guadalajara

Hacer una evaluación de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, que hoy culmina su 30a. celebración, es un poco temerario visto en el inmenso universo que abarcó, al tener de invitado de honor a América Latina. Me senté a conversar con el escritor guatemalteco David Unger, que es el representante de la FILa nivel internacional, y aclaré muchas de mis dudas, pero me surgieron otras. Los escritores de nuestro continente tienen hoy día una pujanza parecida a la que se vivió con el ‘boom latinoamericano’ de los años 60 y 70 con la particularidad de que algunos de sus más destacados integrantes no escribían desde su país de origen, como fue el caso de Mario Vargas Llosa y Julio Cortázar. Algunos estaban imbuidos de ambientes europeos y expuestos a diversas influencias.

Los Protagonistas

En esta feria los protagonistas principales fueron el peruano Vargas Llosa, a quien correspondió el honor de inaugurar el encuentro cultural, ante una audiencia delirante que confundió la literatura con la farándula, para ver de cerca o de lejos a su actual pareja, la llamada ‘reina de corazones’ Isabel Preysler. Algunos dicen que tuvo la acogida de un rockstar. Yo me limito a destacar la excelencia de su disertación, después de una introducción magnífica del escritor colombiano Héctor Abad Faciolince. Fueron ‘un poco demasiado’ los homenajes que se le rindieron al autor de Pantaleón y las visitadoras y en cada uno tanto escritores cercanos a su edad (expresó que era el último sobreviviente del boom ) como de la siguiente generación, la de Santiago Roncagliolo y Xavier Velasco, señalaron las obras que más les influyeron en su camino a convertirse en escritores.

Uno de los autores que más protagonismo tiene en la FIL cuando la visita es Arturo Pérez Reverte, que presentó su última novela, Falcó , de la única manera que él sabe hacerlo: abierto, sencillo, franco y elocuente. El auditorio, que no era el salón más grande de la Expo Guadalajara, un centro de exposiciones diseñado como tal, gozó a más no poder con su lenguaje sincero y falta de remilgos. Pero no fue el centro de atención como lo ha sido en años anteriores porque al señor que se entregó a La civilización del espectáculo le siguieron celebrando sus 80 años, acontecimiento que ha sido portada del Hola! , que coincide con la separación abrupta de su segunda esposa, apenas acababan de tirar la casa por la ventana por sus bodas de oro.

Otro que se disputó el protagonismo de la FIL fue el también español Carlos Ruíz Zafón, que presentó la culminación de su saga del Cementerio de los libros olvidados, que comenzó con La sombra del viento y termina ahora con El laberinto de los espíritus. Lo más sorprendente de su presentación fue que el público era mayormente joven y el escritor estuvo desde las 8 de la noche hasta las 11 firmando libros.

Los debates

Como el invitado de honor era América Latina, se hicieron varios debates en torno a qué rayos es este continente. No quedó claro si se logró entender la complejidad del tema, pero en lo que sí coincidieron casi todos los panelistas es que la elección de Donald Trump es una verdadera amenaza y que ningún muro podrá levantarse contra la palabra escrita y la lengua española.

El continente americano es tan vasto y tan desigual, que algunos países, cuya industria editorial está muy desarrollada, sobresalieron sobre otros que apenas se mencionaron. El problema también es de recursos y no todos los países cuentan con ministerios de cultura o instituciones culturales que tengan presupuestos o sepan qué se debe hacer y tengan una visión clara en este campo para participar medianamente honrosos en una feria tan demandante como la FIL. Otros, como el caso de Panamá, optaron por llevar 60 bailarines para una gala folclórica en vez de hacer debates en torno a los ‘Panama Papers’, por ejemplo, o la ampliación del Canal de Panamá, que hubiera sido una representación de más relevancia. Nuestro país ha sido foco, este año que agoniza, de muchísima atención, para bien o para mal. El stand de nuestros libros apenas tenía un metro de ancho y pasó desapercibido.

La programación de la FIL se hace con mucho tiempo de anticipación, y tiene que dejar espacio para los imponderables, como los inevitables decesos que ocurren. Este año uno de los más activos escritores mexicanos y académico de la lengua, Ignacio Padilla, falleció en un accidente automovilístico y además de recordarlo, se presentó su último libro, un ensayo titulado Cervantes y compañía. Otros escritores muertos también fueron recordados, como Elena Garro, escritora mexicana que es hoy día consideraba de las mejores, pero que vivió perseguida por la sombra de su ex marido, Octavio Paz, que no le permitió ser reconocida en vida como se merecía. Carlos Fuentes y Roberto Bolaño (chileno) volvieron de la tumba con libros póstumos.

La FIL es también el escenario de los más destacados autores mexicanos y es así como Gonzalo Celorio, Jorge Zepeda Patterson, Elena Poniatowska, Sanjuana Martínez y Guadalupe Loaeza presentaron sus últimos libros. Yo esperaba que este año la efervescencia de los temas nacionales e internacionales cobrara mucha atención, como lo fue hace dos años la desaparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa o los debates en torno a candidaturas independientes para las próximas elecciones. No sé si el impacto de la noticia de la muerte de Fidel Castro la noche antes de la inauguración dejó a todos medio noqueados pero este año los debates no fueron ni remotamente encendidos ni confrontativos.

Las editoriales

Hace unos años se decía que pronto la FIL tendría dos avenidas: la de Random House y la de Planeta y definitivamente que ambos sellos editoriales, que ahora suman a Alfaguara el primero y Tusquets el segundo marcan la pauta con los invitados que logran presentar. Random y Alfaguara la botaron con Vargas Llosa, Pérez Reverte, Julia Navarro (que venía de Panamá, donde presentó Historia de un canalla ) y los ganadores del Premio Alfaguara — que cumplió este año su décimo segundo aniversario– con la presencia de Juan Gabriel Vásquez, Xavier Velasco, Sergio Ramírez, Santiago Roncagliolo, Andrés Neuman, Laura Restrepo y Elena Poniatowska en una interesante mesa de debate. Igual hizo Planeta y Tusquets, con Carlos Ruíz Zafón, Alonso Cueto, Santiago Posteguillo y Rosa Montero entre otros. El tan esperado escritor cubano Leonardo Padura, a quien Elena Poniatowska ansiaba conocer finalmente (ambos han ganado premios importantes en España, el Cervantes la “Poni”, como le dicen de cariño, y el Princesa de Asturias el segundo) no llegó a la cita cultural por las circunstancias especiales que se dieron con la muerte del nonagenario líder de la revolución cubana.

Veremos qué nos espera el otro año. Madrid es el invitado de honor y no dudo que lucirá sus galas por todo lo alto. Con América Latina no se oyeron todas las voces de los países que la conforman y no se logró entender a un continente tan variado pero tan rico en identidades y tan diferente en idiosincrasia y problemas políticos y culturales.

Acerca de Mariela Sagel

Ex Ministra de Gobierno y columnista de los diarios La Estrella y el Siglo en Panamá

Una respuesta a Un balance de la FIL Guadalajara

  1. Josefa Toner 13 Diciembre, 2016 at 19:40 #

    Muchas gracias por la informacion

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