Un Nuevo País: Ampliación del Canal de Panamá

La tan esperada inauguración de la ampliación del Canal de Panamá, que fue aprobada en un referendo en el año 2006, ― ya que por mandato constitucional las decisiones que conciernen a la vía acuática deben ser aprobadas por la mayoría de los panameños ―, al que acudieron pocas personas a votar y que le ha costado al erario público más de 4 millones de dólares se ha prestado para un hecho paradójico, uno de los abanderados del NO a esa ampliación (el presidente Juan Carlos Varela) es el que la recibió, con pompas y glorias. Tal evento invita a preguntarse si no estamos propiciando tener un país bajo los mismos límites que los que ocupaba la antigua Zona del Canal.  Después de 39 años desde que se suscribieron los Tratados Torrijos Carter, y 17 años que se nos transfirió el manejo de la vía acuática, gracias al mayor activo del país, nuestra posición geográfica, no es posible vanagloriarse de haber puesto al servicio del país los beneficios que éste genera.

            La región interoceánica de Panamá, que comprende las ciudades terminales de Panamá y Colón, y las áreas que fueron en su momento la Zona del Canal, era una sociedad hidráulica, sobrepuesta a la pluvicultural que se había mantenido en la nación.  Lo primero que hicieron los estadounidenses al “ayudar” al país a separarse, por el descuido de los colombianos al pensar este territorio como una provincia olvidada, fue independiente de Costaguana, relacionada con la mítica región a la que se refiere Joseph Conrad en su libro Nostromo,[1] publicado apenas un año después de la fecha en que se celebra la independencia de Panamá (1903).  En ese eje Panamá-Colón, se ha creado un estado bicéfalo que hace que esa zona sea un “primer mundo”, incrustado en un “tercer mundo” insustentable, como es el resto del país, al que no le llegan los beneficios del Canal, que no sabe cómo le beneficia y que ni se inmutó en ir a votar en el referéndum a favor de la ampliación, que como ya se decía, deliran en inaugurar quienes se opusieron en un primer momento.

            Tal como explica el matemático ambientalista Manolo Zárate en un enjundioso ensayo publicado en la Revista Tareas No. 152, el canal es una obra hidráulica que administra por gravedad las aguas de dos cuencas, la del Río Chagres en el Atlántico y la del río Grande, en el Pacífico.  Este potencial hídrico, además de las 52 cuencas que hay en nuestra geografía de 77 mil kilómetros de extensión, situaría al país en posición de ventaja si se usara el agua de manera racional, pero mucha se pierde, tanto en la operación canalera como en el consumo y abuso humano residencial y en la pésima infraestructura por que la tiene que transitar.

            La actual Junta Directiva de la Autoridad del Canal de Panamá no tiene un representante de la clase obrera y sí una cuestionada representación femenina, y una persona señalado por corrupción. No hay meritocracia que valga, los nombrados en los últimos años han sido personas cercanas a la presidencia. Asimismo, su composición no representa el conjunto de las fuerzas patrióticas y sociales que componen la nación panameña.  Este desfase coincide con la finalización de esta ampliación y el desarrollo de las operaciones logísticas mundiales que se han instalado en Panamá.

            En este país del “primer mundo”, que goza de un perfil moderno y edificios que son la envidia de la región, se desarrolla toda clase de actividades, muchas de las cuales no toman en cuenta al resto de la nación, que apenas subsiste, que lo han estrangulado en su producción agrícola, que no recibe la atención educativa que necesita, ni de salud ni muchos menos de seguridad, el nombramiento de un militar en la Unidad de Bienes Revertidos indica que vienen por más para asegurar el área del país que quieren crear donde estaba la antigua Zona del Canal.  Ahora que la mayoría de la población se ha entregado por entero y sin resistencia a los caprichos del imperio, –al punto que se está a merced de lo que diga el Tío John* (en parodia al Tío Sam) y peligran dos medios de comunicación por haber sido incluido su dueño en la ilegal Lista Clinton–, no se debería continuar proclamando que “alcanzamos por fin la victoria”, como reza el himno nacional.

[1] Nostromo es una novela política del escritor Joseph Conrad. Está basada en los sucesos reales de Colombia y la separación de Panamá apoyada por Estados Unidos en aras de asegurar el control del canal interoceánico, ocurrido en 1903, un año antes de la publicación de la novela.  Su personaje principal se inspiró en un hijo de un ex presidente colombiano, que vivía en Londres, donde residía el escritor de ascendencia polaca.

Acerca de Mariela Sagel

Ex Ministra de Gobierno y columnista de los diarios La Estrella y el Siglo en Panamá
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