Victorias estrechas y el consentimiento de los perdedores: Elecciones presidenciales en El Salvador

El pasado mes de noviembre, en este mismo blog condistintosacentos.com, se publicó el artículo “Elecciones estrechas, los perdedores de la política y su consentimiento”, en el cual se hizo énfasis en que recientemente, en las Américas, los resultados electorales se han hecho cada vez más estrechos, generando la persistencia de conflictos post electorales tomando en consideración problemas como la institucionalización, los defectos del propio sistema electoral, la parcialidad de las autoridades, las malas practicas electorales (Lehoucq 2007, Birch 2011), pero sobre todo, haciendo énfasis en los propios candidatos, especialmente en los perdedores, que ponen en duda todo lo que gira en torno a la elección (reglas, fraudes, inequidad) y por tanto rechazan el resultado.

En las elecciones con resultados estrechos, un punto clave es ahondar en el campo de la elección, intentado saber si tales elecciones son inequitativas y analizar el contenido en el discurso inmediatamente posterior de los candidatos. Recientemente se han visto candidatos que argumentan todo tipo de violaciones sistemáticas en su contra, como Andrés Manuel López Obrador en 2006 y Henrique Capriles en 2013, pero también candidatos que aceptan sistémicamente su derrota, en un ambiente democrático y competitivo, como Al Gore en 2000 o bien, Rodrigo Avila en 2009.

En El Salvador, las últimas dos elecciones presidenciales (2009 y 2014), se han decidido por estrechos márgenes de victoria que han puesto a prueba el sistema democrático del país. En ambos casos los ganadores han sido candidatos o miembros del partido de izquierda FMLN (Funes y Sánchez Cerén), siendo los perdedores candidatos del partido de derecha ARENA (Ávila y Quijano), derrotas que interrumpieron en 2009, la racha ganadora de cuatro elecciones presidenciales consecutivas.

En 2009, el candidato derrotado por Mauricio Funes, actual presidente de El Salvador, fue Rodrigo Ávila. Este aceptó su derrota y su comportamiento frente al ganador fue sistémica. En aquella ocasión, el winner-loser gap fue de 2,64 puntos porcentuales. El candidato del FMLN obtuvo un 51,32% de los votos, por un 48,68% de Ávila, candidato de ARENA. Las palabras del candidato perdedor fueron las siguientes:

“Cuando dije que nosotros íbamos a aceptar cualquier resultado que se diera, lo dijimos en serio, porque siempre nos ha movido esa profunda vocación democrática, esa profunda fe en que Dios tiene un propósito para todos (…) Uno de los aspectos que en una democracia debemos de reconocer todos, es que a veces se logra el objetivo y a veces no. Sin embargo, hay una cosa importante que hay que destacar este día: Ha sido más de un millón de salvadoreños y salvadoreñas que nos han dado su voto de confianza (…)Y precisamente hermanos y hermanas, hoy en este momento es cuando los areneros de todos los tiempos, los areneros de todas las épocas, los areneros de todos los rincones del país hemos dado un ejemplo de lo que es justamente aceptar la voluntad del pueblo, pese a que ha sido una elección muy reñida, muy ajustada, y eso denota ese espíritu democrático, denota ese respeto, esa fortaleza institucional que nuestro partido ha venido adquiriendo.”

De esta manera, se puede considerar que el candidato de ARENA aceptó su derrota en elecciones competitivas en los términos de Sartori (1976:218) y evitó una posible parálisis institucional, como ya ha ocurrido en otros países americanos.

Por otro lado, el pasado 9 de marzo se celebró la segunda vuelta electoral para definir quién sería el presidente de El Salvador para los próximos 5 años. Sorpresivamente el margen de victoria fue muy estrecho a pesar de que en la primera vuelta la diferencia entre uno y otro candidato había sido del 10%, así cuando todo parecía indicar una diferencia similar o mayor, los resultados dieron un winner-loser gap de apenas 0.22%, que significaron una diferencia de 6364 votos[1]. El conteo preliminar así como el escrutinio final arrojaron como resultado la victoria del candidato del FMLN Salvador Sánchez Cerén, quien obtuvo un 50,11% de los votos, frente a un 49,89% de Norman Quijano de ARENA.

En estas elecciones la reacción inicial del candidato de ARENA, Norman Quijano, fue diametralmente opuesta a la de Rodrigo Ávila en 2009. El partido de derecha demostró comportamientos antisistémicos y contenciosos, con el objetivo de revertir el resultado favorable al FMLN, además de que utilizó diversos procesos legales y constitucionales, con el afán de recontar los votos, mostrar un fraude o cualquier tipo de malas prácticas electorales (Birch 2011). En la misma noche del 9 de marzo Norman Quijano expresó:

“Muchas gracias por la remontada y por haber hecho lo imposible (…) remontar una diferencia de diez puntos. Hemos ganado y ha ganado el pueblo salvadoreño. Estamos en pie de guerra para defender esta victoria, no nos lo van a robar. La vamos a defender con nuestra propia vida (…) No hay tribunal que valga que nos pueda arrebatar esta victoria (…) No vamos a permitir fraudes al estilo chavista como en Venezuela, aquí estamos en El Salvador (…) El Tribunal Electoral está vendido a la dictadura chavista (…) Hagan el recuento de esas actas que tienen congeladas y que son las que nos dan el gane. Pedimos también a los observadores que se pronuncien sobre un fraude que están construyendo (…) Le pedimos al TSE que se incorporen las actas que faltan y que dé los resultado hoy, hoy, hoy.”

En los días posteriores a la elección y mientras se realizaba el escrutinio final (garantizado con la presencia de observadores internacionales, la Fiscalía, la Procuraduría para la Defensa de los Derechos Humanos, representantes de ambos partidos, e incluso con transmisión en directo a través de internet) el partido ARENA mantuvo la denuncia de fraude y realizó algunas marchas, donde en ocasiones se realizaron quema de llantas y cierre de calles, con el objetivo de que, contrario a lo que dice la ley electoral, se realizara un conteo voto por voto.

Al mismo tiempo, siguiendo las vías legales, ARENA solicitó al TSE la nulidad de las elecciones (siendo declarada no ha lugar por unanimidad), pidió a la Fiscalía que investigue el supuesto fraude, e incluso presentó una demanda de amparo en la Sala de lo Constitucional, la cual, en una decisión dividida, resolvió declarándola improcedente.

Esta reacción encuentra varias posibles respuestas. Una de ellas es el margen tan estrecho entre el primer y segundo lugar, así como el cambio en los resultados electorales en el mapa salvadoreño, de la primera a la segunda vuelta (en la figura 1 se observa en rojo y azul los departamentos con victorias del FMLN y de ARENA respectivamente en primera y segunda vuelta), pero principalmente dicha reacción descansa en la desconfianza que tiene el partido Arena en el Tribunal Supremo Electoral (TSE) y en el supuesto fraude que cometió el FMLN (desmentido tanto por observadores internacionales, como la OEA, así como por el Fiscal General).

Figura 1: Victoria de los partidos contendientes de acuerdo a los departamentos de El Salvador

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El TSE ha declarado firmes los resultados de la elección y entregado a la fórmula ganadora las credenciales como presidente y vicepresidente electos. Más allá de la primera reacción del partido ARENA y del llamado a las fuerzas armadas, la posibilidad de generarse un clima desestabilizador que desembocara en un conflicto social de mayor magnitud y que recuerde los lamentables sucesos del periodo de guerra civil o del autoritarismo, fue disipándose con el transcurso de los días. Ahora una vez que se agotaron todos los recursos legales disponibles, el candidato y partido perdedor han reconocido el triunfo de su adversario electoral. Esto no significa que el candidato ganador tendrá un camino llano en el gobierno, por el contrario, el estrecho margen de victoria subrayó la necesidad de buscar cooperación, donde se incluya a la sociedad y naturalmente a los partidos políticos, que a pesar de estar en los extremos opuestos dentro de la escala ideológica, podrían tener puntos en común. La estrechez de esta elección ha generado en El Salvador una oportunidad para construir y desarrollar procesos de gobernanza.

El escenario generado por la segunda vuelta y por la reacción del candidato perdedor puso a prueba a las instituciones salvadoreñas encargadas de garantizar un proceso electoral transparente y competitivo. Pero tal como han reconocido observadores internacionales y la comunidad internacional, el rol desempeñado por estas instituciones fue una muestra del avance en la profundización de la democracia en El Salvador.

Referencias Bibliográficas:

Anderson, Christopher J. Blais, André, Bowler, Shaun, Donovan, Todd y Listhaug, Ola. 2005. Losers’ Consent: Elections and Democratic Legitimacy. Oxford: Oxford University Press.

Birch, Sarah.  2011. Electoral Malpractice. Oxford: Oxford University Press.

Bowler, Shaun y Donovan Todd. 2003. The effect of winning and losing on attitudes about political institutions and democracy in the United States, Paper presented at the annual meeting of the Midwest Political Science Association, Chicago, IL.

Lehoucq, Fabrice.2007. “¿Qué es el fraude electoral? Su naturaleza, sus causas y consecuencias”Revista mexicana de sociología, Vol. 69 (1): 1-38.

Myers Gallardo, Alfonso y Fajuri, Sara. 2012. Derrotas Electorales, Dinámica de la Política y Estado de Derecho: Reflexiones sobre el caso mexicano. Sufragio: Revista especializada en Derecho Electoral, Tribunal Electoral del Poder Judicial del Estado de Jalisco, Instituto Prisciliano, 9 (142-161).

Myers Gallardo, Alfonso. 2012. “Derrotas Electorales y estrategias de competencia partidista: El caso del PRI en México”, en Myers, Alfonso y Martínez, Gabriel Alejandro (Coords.). Nociones sobre Democracia y Buen Gobierno. Salamanca: Ed. Ratio Legis y Universidad de Salamanca, 99-134.

Myers Gallardo, Alfonso. 2013. “Derrotas Electorales: actitud, conducta y carrera de los candidatos en las elecciones presidenciales en México”, en Myers, Alfonso, Martínez, Gabriel Alejandro y Fajuri, Sara (Coords.). Democracia y Elecciones, Salamanca: Tribunal Electoral del Estado de Jalisco, Instituto Prisciliano Sánchez, Ratio Legis, 53-75.

Nadeau, Richard y Blais, André. 1993. “Accepting the Election Outcome: The Effect of Participation on Losers’ Consent”. British Journal of Political Science, Vol. 23 (4): 553–63.

Sartori, Giovanni. 1976. Party and Party Systems. A Framework for Analysis. Cambridge: Cambridge University Press.

 

 


[1] Estas han sido las elecciones más estrechas en la historia del El Salvador. En 1972, Arturo Armando Molina venció por un margen de 1,28% a José Napoleón Duarte. Así mismo, en la historia moderna Latinoamericana son las elecciones más estrechas, seguidas por las elecciones presidenciales de 1984 en Panamá, en las cuales Nicolás Ardito vence a Arnulfo Arias Madrid por un margen de 0,27%, con tan solo 1,713 votos de diferencia (Cabe aclarar que en estas otras dos elecciones sí existieron claros fraudes electorales, lo que los hace casos distintos).

Acerca de Gabriel Martínez y Alfonso Myers

Gabriel Martínez candidato a Doctor en Estado de Derecho y Gobernanza Global por la Universidad de Salamanca y Alfonso Myers Gallardo es candidato a Doctor en Estado de Derecho y Gobernanza Global por la Universidad de Salamanca.

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8 respuestas a Victorias estrechas y el consentimiento de los perdedores: Elecciones presidenciales en El Salvador

  1. Grivaldo Melo 14 abril, 2014 at 3:38 #

    Estimados Gabriel y Alfonso,

    Felicitaciones por el artículo y sobre todo por el análisis acerca no apenas de las elecciones en El Salvador como también de los resultados cada vez más estrechos en América Latina. Excelentes observaciones sobre todo a respecto de los posibles problemas institucionales y del propio sistema electoral que tales resultados en las urnas podrían apuntar. Muy buen post. Dicho esto, tengo dos preguntas:

    Primera es a respecto de que papel tiene hoy los perdedores de derecha comparado, por ejemplo, con los perdedores de izquierda? (Me refiero principalmente a América Latina de los años 90, cuyos países eran gobernados por la derecha y los perdedores siempre de izquierda, como Lula da Silva, en Brasil)

    Segunda seria a respecto de los propios resultados electorales tan estrechos: ¿Sería una tendencia en América Latina para las próximas elecciones? Y dentro de esto, ¿Qué papel tienen los institutos que hacen las encuestas electorales y que, muchas veces, tienen resultados tan distintos de las urnas?

    Saludos cordiales,

    • Alfonso Myers Gallardo 16 abril, 2014 at 19:27 #

      Grivaldo,

      Gracias por tus comentarios y anotaciones.

      Bueno, en relación a tu primera pregunta, me resulta bastante interesante. Lo cierto es que los perdedores de “izquierda” hoy en día son los ganadores más fuertes de la política latinoamericana.

      Si situamos a Lula en la izquierda (Cosa que personalmente no comparto), después de haber perdido la alcaldía de Sao Paulo en los 80´s y después de haber perdido 3 veces las elecciones presidenciales, podemos decir que es el perdedor más importante de América, tomando en cuenta que después ganó dos elecciones (pudo haber ganado otra, pero se inhibió de cambiar la Constitución) y además goza de un carisma de “Teflón”. Esto significa, en pocas palabras que los perdedores, son en Brasil una pieza clave para la política nacional, su persistencia y sus reacciones SISTÉMICAS y su ACEPTACIÓN de resultados con un consentimiento político elegante, le han dado bastante fuerza (además de su cambio de discurso, presentación, apariencia, etc).

      También cabe mencionar que Evo Morales perdió una elección, pero después llego al poder. En este caso, las cosas fueron distintas, es decir, hubo una reacción antisistémica frente al ganador que fue Gonzalo Sánchez de Lozada en 2002, hasta que lograron “renunciarlo”, aunque Evo Morales en ese mismo momento acepto su derrota, pasaron dos años y se enfrento a Jorge Quiroga y lo venció por un margen de más de 25%.

      El caso de Lula es que más salta a la vista, pero han habido otros candidatos que después de perder llegan a la victoria, la lista es muy grande en América Latina.

      En relación a tu segunda pregunta, considero que si, cada vez los resultados son más estrechos, como prueba de ello: México 2006 y 2012, Estados Unidos 2000, 2004, 2008, 2012; El propio El Salvador en 2009 y 2014; Venezuela en 2013; Rep. Dominicana en 2012; Perú en 2011; Honduras en 2005; Chile en 2010 y si nos vamos atrás en el tiempo también encontraremos muchas elecciones estrechas.

      Las instituciones, especialmente a partir de los 90´s fueron, son y seguiran siendo de suma importancia para el desarrollo de la elección, su calidad, eficacia, eficiencia, transparencia, profesionalismo son fundamentales para la legitimidad de cualquier ganador y para la aceptación de un perdedor, mi hipótesis es que a mayor legitimidad de la institución que se encarga de desarrollar el proceso electoral, mayor es la probabilidad de que el perdedor acepte el resultado.

      Hoy, me parece muy importante, dentro del proceso electoral la cuestión de la OBSERVACIÓN, esto es una pieza clave para el desarrollo democrático de cualquier elección.

      Un saludo cordial.

  2. Isabel 14 abril, 2014 at 2:35 #

    Felicidades.

    Me gusto mucho.

    Quisiera saber qué va pasar con la carrera política de Norman Quijano después de la alcaldía. Se logrará situar en la política futuramente o desaparecerá de ella.

    Gracias

    • Alfonso Myers Gallardo 16 abril, 2014 at 19:00 #

      Isabel,

      Gracias por tus comentarios.

      Es una pregunta bastante interesante. Actualmente me encuentro realizando un estudio sobre este tipo de acontecimientos, es decir, sobre los impactos sobre las carreras de los candidatos perdedores.

      Mi hipótesis es que cuando reaccionan antisistémicamente y/o rechanzando el resultado de la elección, tienden a afectar sus carreras políticas, y cuando aceptan sistémicamente el resultado siguen en el debate político o por lo menos su carrera sigue en la política, ya sea en otro puesto parlamentario, en la administración pública o bien dentro del partido que representa.

      Aquí tenemos que profundizar el tema del consentimiento político. En el caso de Quijano, se pueden observar dos reacciones. La inmediata que fue de rechazo y además antisistémica (contenciosa) y la que mostró días después cuando los Tribunales Electorales y las más altas instancias judiciales (Amparo), le dieron su derrota.

      Lo más probable es que Quijano se arrepintiera de lo acontecido pensando en su futuro político como alcalde de San Salvador (Puesto que le puede dar juego en el debate político nacional) y en su carrera política a largo plazo.

      Lo rescatable de Quijano es su respeto hacia las instituciones y la consolidación de éstas como órganos respetables en una Democracia que cada vez muestra mayor madurez.

      Saludos.

  3. Camila Barrios 13 abril, 2014 at 13:05 #

    Alfonso y Gabriel,

    Quiero felicitarlos por el artículo, han hecho un muy buen trabajo. Me gustaría preguntarles acerca del futuro de la relación entre la nueva presidencia de la república de Sáchez Cerén y la alcaldía de San Salvador de Norman Quijano? ¿qué tanto poder tiene la una sobre la otra?

    Un saludo

    • Alfonso Myers Gallardo 14 abril, 2014 at 1:49 #

      Camila,

      Muchas gracias por tus comentarios y por dejarnos tus dudas al respecto.

      Sin duda, la capital es un coto de poder sumamente fuerte, especialmente por las dimensiones de este país Centroamericano.

      No soy prestidigitador de la política, pero aquí ya se respondió a la pregunta del Quo Vadis, y el pueblo Salvadoreño, así como sus instituciones se decantaron por elegir a Sánchez Cerén, a mi particular juicio lo que se va a vivir es una lucha por la gobernabilidad, un tema clave para un país altamente polarizado, tal y como Gabriel lo expuso en este mismo blog en su artículo: “Polarización ideológica y políticas públicas en materia de seguridad y economía: las elecciones presidenciales en El Salvador 2014”.

      Sin duda, San Salvador es una parte muy importante para la gobernabilidad de este país, y Norman Quijano esta al frente de el, por lo que Sánchez Cerén tiene la difícil tarea de realizar alianzas estratégicas para llevar a cabo sus planes de gobierno.

      Por la forma de reaccionar de Quijano frente al resultado, me da la sensación de que intentará hacer todo lo posible para complicarle las cosas a Cerén, pero como ya te dije en un principio, eso es política-ficción.

      Saludos

  4. Monserrat 13 abril, 2014 at 12:30 #

    Estimados Gabriel y Alfonso,

    felicidades por su artículo, realmente es muy interesante analizar ese tipo de elecciones que logran desestabilizar el sistema democrático. Me gustaría preguntarles acerca de las consecuencias en materia de gobernabilidad que tuvo la victoria estrecha de Sánchez Cerén?

    un abrazo

    • Alfonso Myers Gallardo 14 abril, 2014 at 2:01 #

      Monserrat,

      Gracias por tus comentarios.

      Creo que diste en el “clavo” con tu pregunta.

      En nuestras investigaciones sobre elecciones con empates técnicos o resultados estrechos, generalmente llegamos a la conclusión que una victoria o derrota de este tipo pone a prueba el sistema democrático de un país.

      En el caso de El Salvador, parecería que en un principio las cosas paralizarían por completo las instituciones democráticas del país, pero contra todo pronóstico, reaccionaron con gran capacidad heurística y lograron mantener un control de las cosas, lo cual habla sobre la madurez de sus instituciones electorales y judiciales.

      Las consecuencias pueden ser muchas, en el plano político, se vislumbra cómo un cambio de estrategia de una elección a otra, puede hacer toda la diferencia, pero en el plano para la gobernabilidad, pues se observa la necesidad de intentar llegar a un acuerdo común, donde exista un consentimiento de ambos partidos para lograr una democracia eficaz.

      Un ejemplo que me viene a la cabeza, es lo que sucede en México, que desde 2012, tras el regreso del PRI al poder, se implanto un plan estratégico para unir a las fuerzas políticas del país, llamado “Pacto por México”. He oído y leído sobre una situación aparentemente parecido en El Salvador, lo cual me parece muy interesante de llevar a cabo, tomando en cuenta la polarización del país. Es decir, la inclusión en el debate público y político de las ideas de ambos partidos es un paso adelante hacia una democracia de resultados, pero también consensuarlo y discutirlo es muy diferente y se encuentra muy lejos de llevarlo a cabo.

      Un abrazo y gracias nuevamente.

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